Crítica: Casa Calores, en la Sala Beckett
El paso del tiempo es, seguramente, una de las cuestiones que más abruman al ser humano. Las consecuencias de las decisiones que tomamos en la vida y el…
El paso del tiempo es, seguramente, una de las cuestiones que más abruman al ser humano. Las consecuencias de las decisiones que tomamos en la vida y el…
El paso del tiempo es seguramente una de las cuestiones que más abruman al ser humano. Las consecuencias de las decisiones que tomamos en la vida y el…
Bueno, vamos avanzando en esa Nueva Normalidad que, evidentemente, también afecta a las artes escénicas. Si la semana pasada os hablamos de The Scarlet Letter programado en el…
El verano es una buenba estación para la meditación, algo que nos propone la Sala Beckett con Amor mundi, una reflexión sobre la educación y la violencia en la sociedad actual.…
El Festival Grec de Barcelona nos permite disfrutar en la Sala Beckett de un nuevo espectáculo de T de Teatre, Cançó per tornar a casa, en el que…
<a href="https://www.indienauta.com/wp-content/uploads/2014/07/Vells-temps_sala-beckett.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-80357" src="https://www.indienauta.com/wp-content/uploads/2014/07/Vells-temps_sala-beckett.jpg" alt="Vells temps_sala beckett" width="600" height="311" /></a>Una obra de teatro siempre tiene algo que decir al público. Una vez que se alza el telón, metafóricamente hablando, porque ya casi nunca se levantan, se inicia una conexión entre la obra y el espectador que perdura, de una forma u otra y normalmente con altibajos, hasta el final de la representación. Si además, <strong>Harold Pinter</strong> está en el meollo, está conexión se transforma es un estado en el que la obra fluye atrapando al espectador en una tela de araña escénica que se apodera de él hasta el final de la función. Algo que podemos apreciar en <em>Vells Temps</em>, obra programada en la <strong>Sala Beckett</strong> en el marco del <strong>Festival Grec 2014</strong>, dirigida por <strong>Sergi Belbel</strong> e interpretada por <strong>Carles Martínez, Míriam Alamany y Sílvia Bel</strong>.
Traer a un niño al mundo hoy en día supone volcarle encima 10.000 toneladas de CO2. Una gran responsabilidad. Entonces, ¿cómo asumimos este riesgo si somos pareja que no quiere apartarse del rebaño de las <i>buenas personas</i>?
<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.indienauta.com/wp-content/uploads/2013/12/unnamed.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-78776" alt="unnamed" src="https://www.indienauta.com/wp-content/uploads/2013/12/unnamed.jpg" width="600" height="311" /></a>Ya no necesitamos imaginar. Nos lo recuerda continuamente el Avance Tecnológico con la creación de mundos artificiales paralelos.</p>
Si les he de ser sincero una de las propuestas del <strong>Grec</strong> que más me ha interesado este año ha sido <em>George Kaplan</em>, representada en la <strong>Sala Beckett</strong>, una obra de <strong>Frédéric Sonntag</strong> que con un toque juvenil y espontaneo nos habla de la comunicación, de los intentos de comunicar y de las tentativas de apropiarse de la información y retorcerla con el objetivo de favorecer intereses privados. En resumen, una obra inserta inteligentemente en el gran debate que ha generado el desarrollo de la comunicación propiciado por los avances tecnológicos, y la potenciación de los sesgos y filtros que sufre la información “objetiva” que consumimos a diario a través de los medios de comunicación convencionales, internet y de un cada vez mayor número de dispositivos.
Aviso para espectadores: La personas somos como volcanes. Algunas entran en erupción. Otras permanecen inactivas por los siglos de los siglos. A la sazón, vamos a ponernos cerquita y así nos impregnaremos con sumo gusto de la lava escénica de la compañía “<strong>Atresbandes</strong>”. Porque su espectáculo (fraguado en <strong>Can Felipa</strong> de Barcelona, exquisitamente abrillantado en Birmingham y Kosovo y ahora de enhorabuena en la <strong>Sala Beckett</strong>) es vibrante, ocurrente y elegante.