Hablemos de flamenco, de fusión y del siglo XXI, pero aunque sea por un momento, hablemos de todo eso dejando que Rosalía salga de la sala. Porque evidentemente, hay otros caminos en los que el inabarcable imaginario sonoro del flamenco puede tomar nuevas formas que lo conviertan en eternamente vigente. Y aquí es donde llega Quintín Vargas, un músico de Lebrija que muta en corsario musical bajo el nombre de Quentin Gas, flanqueado por la apisonadora psicodélica de Los Zíngaros.