La oratoria. Noble arte que en nuestro país se encuentra en evidente decadencia ¡Qué digo decadencia! En claro peligro de extinción. El embotamiento por sobredosis de smartphone no ayuda. ¡Pero si sólo fuera eso! Uno ve y escucha las capacidades oratorias de “quienes nos dirigen desde arriba” o de quienes se les supone ser “una voz autorizada” y se deprime. Los tertulianos y periodistas mediáticos rebuznan o graznan sistemáticamente al son del mejor postor. Algunos políticos nos hablan de bíblicos viajes en barco —Moisés en los tiempos de la Ciutat Morta— para disimular que no tienen la más remota idea de hacia dónde nos llevan —pero por el camino van poniendo la mano—. Otros se escudan en pantallas de televisión para no responder a las preguntas de los periodistas. Mientras los más abyectos nos intentan colar patrañas absurdas sobre “despidos en diferido”, pensando que somos imbéciles. Y entonces va la siempre recomendable editorial Malpaso y te sugiere la lectura de este Que levante mi mano quien crea en la telequinesis y a uno le entran ganas de llorar. ¿Por qué unos tanto y otros tampoco?