Post Mortem es una película húngara llena de ideas interesantes. La más sugestiva es la de situarnos en una época en la que el número de muertos supera al de los vivos: en 1918, en Hungría, tras la guerra y la peste. El protagonista, Tomás (Viktor Klem) es un soldado que, tras volver prácticamente de la muerte, se dedica a hacer fotografías de los muertos, hasta que en su camino se cruza una niña, Anna (Fruzsina Hais), a la que cree haber visto en una visión.