Si hay algo que no se le puede reprochar a Pet Shop Boys es su capacidad para reinventarse cada cierto tiempo. A lo largo de tres décadas han hecho lo que han querido con su música, sin importarles lo que opinaran sus fans o su discográfica. Muchas veces han acertado, pero también han fallado unas cuantas (aquella batucada en Se a vida é o lo soso que era su trabajo anterior), algo que, por otra parte, es lógico (como decían al final de Some Like It Hot, nadie es perfecto). Ahora vuelven a dar otra vuelta de tuerca a su carrera, y en su primer trabajo fuera de la discográfica que les ha acogido todos estos años, quieren hacernos bailar con los temas más contundentes que hayan hecho nunca. Hay canciones con bombos machacones, subidones dignos de una discoteca de polígono, y hasta un cierto toque EDM (¿un intento de volver a conquistar el mercado norteamericano?). Pero Neil Tennant y Chris Lowe son muy listos y saben que, metiendo algunas de sus señas de identidad, la cosa funciona. Además, en algunos temas lo hacen de una forma excepcional.