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Cine/TV

Calls 

La ciencia ficción siempre ha sido un género de ideas. En el cine, aunque ahora estemos acostumbrados a aparatosos blockbusters, la ciencia ficción se ha movido también en los presupuestos limitados, sobre todo antes de que obras como 2001: Una odisea del espacio (1968), Encuentros en la tercera fase (1977) o Star Wars (1977) cambiaran el paradigma del género hacia lo espectacular. En las dos últimas décadas, sin embargo, hemos vivido el auge de la sci fi low cost, con obras tan estimables como Primer (2004), Los Cronocrímenes (2007) o Coherence (2013). Propuestas de mucho ingenio que no necesitan de grandes efectos especiales ni presupuestos. A esta tendencia tenemos que sumar la estupenda serie de Apple Tv, Calls, desarrollada por el uruguayo Fede Álvarez -Posesión Infernal (2013), No respires (2016)- que lleva al extremo la idea de que el concepto importa más que los medios.

La serie de Álvarez -basada en un formato francés -creado por Timothée Hochet- nos presenta una historia contada, exclusivamente, a través de llamadas telefónicas. Voces en off de actores muy conocidos -Aubrey Plaza, Rosario Dawson, Pedro Pascal, Paul Walter Hauser, Lily Collins, Karen Gillian, Nick Jonas, Aaron Taylor Johnson, Mark Duplass, Clancy Brown, Stephen Lang, Danny Huston, Jennifer Tilly o Danny Pudi entre otros- expresadas en pantalla mediante infografías y textos. Nunca vemos lo que ocurre. Tenemos que imaginarlo. Y eso tan sencillo es el gran acierto de una miniserie absorbente, que consigue momentos terroríficos y también que nos comamos la cabeza con los giros argumentales que no desvelaré. Es mejor ver Calls sin conocer demasiado de su argumento, y dejarnos sorprender. Digamos que el tema que aborda es un clásico de la ciencia ficción, pero con una vuelta tan original como divertida.

Serie muy inteligente, de puro guión, Calls pone a prueba la capacidad interpretativa de las voces de sus actores y también destaca por la manera tan creativa de poner en pantalla las conversaciones telefónicas, utilizando todo tipo de recursos gráficos para apoyar la narración. Imprescindible para los fans de la ciencia ficción.

Cine/TV

Triple Frontera: veteranos de guerra 

Sigue Netflix decidida a fichar a los grandes talentos cinematográficos y Triple Frontera aparece en la plataforma firmada por el prometedor J.C. Chandor, de sólida carrera y con un futuro a seguir de cerca, sobre todo tras El año más violento (2014). Aquí, Chandor cuenta con un reparto solvente: repite con Oscar Isaac, añade una estrella como Ben Affleck, y se rodea de gente como Charlie HunnanZ, La ciudad perdida (2016)- y Pedro Pascal.

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Narcos: el placer culpable 

Narcos ha basado su éxito en su pretensión de ser una historial real sobre crímenes, violencia y drogas, glorificándolas y evitando la solemnidad. Así, un personaje aborrecible como Pablo Escobar, puede resultar carismático: sus atrocidades han sido vaciadas de peso dramático y por tanto, moral. Una realidad compleja y terrible es retratada de forma superficial y ligera. Ver Narcos no supone esfuerzo porque no hay subtexto. Una voz en off narra absolutamente todo lo que ocurre, en lugar de mostrarlo. El uso de imágenes de archivo de la época -años 80 y 90- no esconde que, en realidad, estas son más interesantes que la ficción. La serie compensa su debilidad dramática con falsa transgresión: en tono descreído nos hablan de corrupción política, empresarial, policial.

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Kingsman: El Círculo de Oro – Espía Como Puedas 

Algo cambió cuando George Lazenby miró a cámara y dijo “Esto no le pasaba al otro”, en 007 al servicio de su majestad (1969). Esa ruptura de la cuarta pared en boca del actor que reemplazaba al mítico Sean Connery, daba pie a un nuevo James Bond autoconsciente de su status como arquetipo de la cultura popular. Más tarde, Roger Moore -el mejor para mí- inyectó ironía y distancia al espía, que se vería envuelto en aventuras cada vez más fantásticas. Tras la crudeza de los dos estupendos films de Timothy Dalton, Pierce Brosnan continuó esa tendencia fantasiosa enfrentándose a hombres de escarcha en palacios de hielo. Hasta que apareció Jason Bourne. Su éxito contaminó de realismo el reboot de Casino Royale (2006), que tomó prestada su cámara epiléptica y eliminó todo lo que olía a ciencia ficción. En este contexto nacía la lúdica Kingsman: Servicio secreto (2014) que con humor postmoderno se proponía recuperar el espíritu pop y pulp de las viejas películas de espías, como dejaba claro el tarantiniano Samuel L. Jackson, villano de la función. Tres años más tarde nos llega la secuela.