Hay quien afirma que casi todo el mundo con cierta veleidad artística ha escrito algún libro que tiene guardado en el cajón y que allí permanecerá sin ser conocido -ni mucho menos leído- por nadie más. Lo mismo podríamos pensar de la cantidad de grabaciones caseras que cualquier músico va almacenando en el disco duro de su ordenador, sin más ambición que la de dejar constancia en algún sitio de sus inquietudes creativas.