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The Undoing 

Tras el éxito de Big Little Lies, David E. Kelley reincide en The Undoing en una historia de similares características e intenciones. Ambas ficciones parecen estar afincadas temáticamente en la desconfianza en el otro y en mostrar el lado oscuro de los privilegiados o al menos explotar el morbo que despierta ver a los poderosos, en problemas.

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El escándalo (Bombshell) 

Jay Roach, autor de comedias -Austin Powers (1997), Los padres de ella (2000)- tras Trumbo (2015), se apunta a la brecha abierta por Adam McKay -El reportero: La leyenda de Ron Burgundy (2004)- para hacer la crónica de las vergüenzas de la historia reciente de su país. McKay lo ha hecho en La gran apuesta (2015) y El vicio del poder (2018) -además de la serie Succession- y ahora Roach firma una cinta de intenciones similares: desde la maquinaria de Hollywood y utilizando a sus grandes estrellas, hacer una denuncia del sistema, en este caso, una denuncia feminista, pero también política.

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Big Little Lies – Temporada 2 – El peso del pasado 

Sin poner en duda los méritos de la exitosa y premiada primera temporada de Big Little Lies, en mi opinión, la trama de intriga sobre el supuesto asesinato me pareció lo menos interesante de esta ficción. La fortaleza de la serie era, para mí, sus personajes, sobre todo las protagonistas femeninas: complejas, contradictorias, muchas veces antipáticas, con defectos, traumas, remordimientos y, por supuesto, interpretadas por estupendas actrices como Nicole Kidman, Reese Whiterspoon, Laura Dern y Shaile Woodley. Estos magníficos personajes parecían algo limitados por una trama en clave de whodounit que llevaba a un desenlace decididamente forzado. La serie estaba pensada para acabar tras dicha primera temporada, pero los buenos resultados llevaron, al show runner David E. Kelley a plantear una segunda entrega.

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Aquaman – Todo incluido 

Fantástico pastiche, Aquaman es el blockbuster perfecto para las nuevas generaciones. Su nulo desarrollo dramático se compensa por la pura acumulación de ideas, situaciones y estéticas que se suceden sin descanso. James Wan se puede calificar como un Sam Raimi en versión comercial: tras cultivar el cine de terror –Saw (2004), Insidious (2010) y Expediente Warren (2013)- Wan hace una de superhéroes -como Raimi hizo Spider-Man (2002)- para asaltar definitivamente el cine de gran presupuesto -recordemos que ya firmó Fast and Furious 7 (2015). Y vaya si lo ha conseguido. Aquaman es un éxito que supera los logros de Wonder Woman (2017) y por supuesto deja mal parados a El hombre de acero (2013), Batman v. Superman (2016), Escuadrón Suicida (2016) y hasta la Liga de la Justicia (2017). De hecho, quizás consciente de esos fracasos y de que no estamos ante el superhéroe más carismático de DC -rescatado recientemente en los tebeos por el guionista Geoff Johns, que aparece acreditado en el film- Wan pone toda la carne en el asador y el pescado también.

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La Seducción: Norte y Sur 

La seducción, que le valió el premio a la mejor dirección en Cannes a Sofia Coppola, es probablemente su película más contenida. De estética cuidada y puesta en escena reposada, no encontraremos en ella más que los movimientos de cámara justos. Los planos, casi pictóricos, juegan con la profundidad de campo obligándonos a mirar bien, porque el montaje contiene relativamente pocos primeros planos. Tampoco hay música en este film minimalista, más que un crescendo que marca los momentos de tensión. Los actores se guardan bien las verdaderas emociones de sus personajes y sus diálogos -escritos por la propia Coppola– apenas dan las pistas justas.