DiscosEstamos en una sociedad de barreras difusas y multiplicidad de opciones de identidad. Tomemos a <strong>Mykki Blanco</strong>, por ejemplo. Sabemos que el nombre representa a una supuesta rapera adolescente (o de espíritu adolescente) creada por el artista neoyorquino <strong>Michael Quattlebaum Jr.</strong>, inspirada a su vez por un alter ego de la combativa <strong>Lil´Kim</strong>. Pero la cosa es más complicada que eso. Mykki no parece limitarse a ser un capricho artístico de Quattlebaum, más bien al contrario, el personaje se ha convertido en un vehículo lo suficientemente dúctil como para que su creador se haya integrado casi totalmente en él en cada movimiento público que realiza. Tampoco deja que los aspectos transgénero de su discurso se apoderen de la totalidad de su propuesta, ni en lo temático, ni en lo musical (Mykki tiene un lado delicado, sobre todo en los momentos en los que se lanza a cantar, pero por lo general rapea con una determinación agresiva, casi “viril”, válganos el término).