Mistress America tiene el peso de un cuento corto. Un relato ligero y aparentemente intrascendente como el que la protagonista de la película acaba publicando con el mismo título. Una ficción en la que hay personajes tomados directamente de la vida, pero en la que también hay lugar para la fantasía. Todo fluye de forma algo inocente, sin dramas, libremente como el juego de soltar ideas que practican en algún momento los dos personajes principales. Ya conocemos a Noah Baumbach. Mistress America tiene mucho de la Nouvelle Vague. Aunque las comparaciones con Woody Allen suelen aparecer cuando se habla de su obra y él mismo cita a John Hughes como influencia.