Encontrarse un aburrido domingo de agosto con un concierto como el de Kurt Vile es toda una alegría para los que pasamos este mes en la capital. La lástima es que muy pocos se quedan en estas fechas en Madrid y, los pocos que se quedan, no están muy por la labor de meterse en una sala-horno para ver un concierto de rock. Aun así, y pese al cambio a una sala más pequeña, Kurt Vile tuvo una buena entrada en su cita madrileña: unas trescientas personas se acercaron a la Sala Penélope para comprobar el buen hacer encima de un escenario del de Filadelfia.