Con todos los respetos hacia los caminos que ha tomado la música negra en los últimos años, uno no puede ignorar su corazoncito nostálgico y seguir mirando con el rabillo del ojo todos los nuevos lanzamientos a ver si, de repente, surge una rareza multitalentosa a lo vieja escuela capaz de conjugar con naturalidad soul, funk, pop y cualquier otro estilo que se ponga a tiro. Llamadme anticuado, pero creo que al mundo no le vendría mal un nuevo Stevie Wonder (el de los 70, claro), o un Prince, o un Sly, o incluso un Terence Trent D´Arby.