Si hablamos de cine, como lenguaje, el de ‘acción’ es probablemente el género que permite una narración visual más puramente cinematográfica, recogiendo el testigo del western, lamentablemente hoy en desuso. Actualmente el cine de acción se mantiene en un saludable segundo plano en cuanto a los gustos del público: ya no es el rey de la taquilla, lugar que ahora mismo ocupa la fantasía, la ciencia ficción y los superhéroes. Sus grandes representantes son tres sagas, la taquillera y desprejuiciada Fast and Furious, y la que para mí es la mejor, Misión Imposible, fantástica sobre todo en sus dos últimas entregas, dirigidas por Christopher McQuarrie. La tercera en disputa: John Wick.