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Cine/TV

Suspiria: danzad, danzad, malditas 

¿Por qué hacer un remake de Suspiria? La película de Dario Argento, de 1977, pertenece a un subgénero del terror en desuso, el giallo, y es quizás la obra cumbre de un autor muy personal. Creo que, en ella, además, el italiano sublima el género que había cultivado con éxito. El asesino misterioso del giallo, que mata a hermosas mujeres de las formas más retorcidas, se deconstruye en Suspiria: unas manos salen de la nada, independientes de un cuerpo o de una identidad, para acuchillar a sus víctimas. Argento reduce el guion al mínimo, creando secuencias inconexas, desnudando dramáticamente la historia y a los personajes, que, en realidad, le estorban. Suspiria es una experiencia y racionalizarla solo disminuye su impacto: sus primeros diez minutos son increíblemente potentes, en los que Argento despliega su talento para el encuadre, para el montaje, para lo estético -con esos decorados de formas geométricas-, para crear atmósferas fantastique -la lluvia, el viento que parecen tener un origen sobrenatural- todo apoyado por la hipnótica banda sonora firmada por él mismo y por la banda Goblin.

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Call me by your name – Cuento de verano 

Hay películas que son la vida. Que son capaces de evocar sensaciones apelando a nuestra memoria sensorial de una manera vívida. No tengo ni idea de cuál es el mecanismo para conseguirlo, en literatura o en cine, pero hay obras que no se ven con los ojos, ni se reciben con el intelecto, se sienten. “Lo que te ha pasado con Oliver nada tiene que ver con la inteligencia” le dice su padre a Elio, en uno de los monólogos más bonitos que he escuchado nunca.