Los hambrientos es un más que notable film de zombies que, contra todo pronóstico, consigue aportar algo novedoso a una temática muy explotada en los últimos años. Hablamos de todo un subgénero del Fantástico y del terror, creado por George A. Romero en La noche de los muertos vivientes (1968) -aunque haya precedentes como Yo anduve con un zombie (Jacques Tourneur, 1943)- que vivió su esplendor en los años 80, proliferando gracias a la explotación de italianos como Lucio Fulci. Actualmente el zombie es el monstruo que mejor parece expresar los tiempos que vivimos, tras renacer con el éxito de 28 días después (Danny Boyle, 2002) y Amanecer de los muertos (Zack Snyder, 2004)- y gracias a la popularidad de la serie The Walking Dead. Hemos visto muertos vivientes como vehículo para todo tipo de historias: las metáforas políticas del fallecido Romero; la comercialidad de blockbusters como Guerra Mundial Z o la saga Resident Evilambas en clave digital-; el humor de esa cumbre que es Zombies Party (Edgar Wright, 2004) y hasta el cruce con el universo literario de Jane Austen, en Orgullo y prejuicio y zombies (2016).