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Libros

Las chicas son rockeras, Miguel Ángel Bargueño (Libros Cúpula, 2019) 

Hoy, lectura musical con mucho de reivindicativo y aún más de celebración. Porque Las chicas son rockeras, flamante novedad editorial del periodista Miguel Ángel Bargueño publicada por Libros Cúpula es una revisión, muy completa y absolutamente pegada a la actualidad, del papel de la mujer en la historia de la música popular. O como bien reza su subtítulo, un análisis pormenorizado y ameno acerca de El poder femenino en la música. ¡Por fin!

Discos

Lorde, “Melodrama” (Universal Music, 2017) 

En este mundo lleno de estrellas femeninas del pop clónicas y aburridas, en el que el “featuring” de turno es casi tan importante como la canción en sí, hay que dar cancha a las que intentan desmarcarse. Más que nada, porque son artistas que han demostrado que van sobradas de talento, y que no tienen miedo a probar algo diferente. Ahí está Beyoncé y su último trabajo, que fue recibido con elogios por parte de la crítica de todo el mundo, o Carly Rae Jepsen, que en su empeño por recuperar el pop de los ochenta, se está haciendo con una colección de canciones brillante.

Discos

Lontalius, I´ll forget 17 (Partisan 2016) 

Resulta demasiado facilón construir la reseña de este disco en torno a la juventud de su autor, pero es que el bueno de Eddie Johnston es el primero en querer esgrimir su partida de nacimiento, basando el título de su debut en lo dura que es la adolescencia y en la determinación de olvidar todo lo que le pasó cuando tenía 17 años. Para situarnos, tan sólo han transcurrido dos años desde ese fatídico momento, lo cual nos deja con un Johnston con 19 recién cumplidos, lo suficientemente sensible como para querer rebautizarse artísticamente con el nombre de una mariposa, y lo suficientemente “millenial” como para sacar ese nombre de una página de Wikipedia.

Discos

Holychild, The shape of Brat Pop to come (Glassnote 2015) 

Mira que tenía ganas de repudiar este disco. Una horrible portada con un cuerpo femenino desnudo con su pubis cubierto por un fajo de billetes denota algo peor que el simple mal gusto: el mal gusto pretencioso (que el libreto interior cambie los billetes por patatas fritas no mejora la cosa).

Para más “INRI”, Holychild estima necesario aclarar sus objetivos con un texto que no deja espacio para la sutileza ni para la modestia, con lindezas como “Cada palabra que decimos, cada imagen que posteamos, cada sonido que decidimos incluir u omitir es deliberado. Somos conscientes de que algunas de estas elecciones pueden ser provocativas, pero esto es arte. El arte es evocativo”.