Resulta demasiado facilón construir la reseña de este disco en torno a la juventud de su autor, pero es que el bueno de Eddie Johnston es el primero en querer esgrimir su partida de nacimiento, basando el título de su debut en lo dura que es la adolescencia y en la determinación de olvidar todo lo que le pasó cuando tenía 17 años. Para situarnos, tan sólo han transcurrido dos años desde ese fatídico momento, lo cual nos deja con un Johnston con 19 recién cumplidos, lo suficientemente sensible como para querer rebautizarse artísticamente con el nombre de una mariposa, y lo suficientemente “millenial” como para sacar ese nombre de una página de Wikipedia.