No hay épocas tan malas, Andre Dubus (Gallo Nero, 2025)
Felizmente, uno tiene varios libros de relatos «en cartera». Como este No hay épocas tan malas, primer encuentro con Andre Dubus, considerado uno de los narradores —también ensayista,…
Felizmente, uno tiene varios libros de relatos «en cartera». Como este No hay épocas tan malas, primer encuentro con Andre Dubus, considerado uno de los narradores —también ensayista,…
Felizmente, parece que 2025 va a ser un gran año respecto a la cosecha de libros de relatos. Varios en la agenda, un par ya reseñados y otros…
Siempre hay espacio para la buena literatura que, sí lo es, sabe diferenciarse del resto. Es el caso de El paso siguiente en el baile de Tim Gautreaux.
Bonnie Jo Campbell regresa con Érase un río, una novela con todas las hechuras y efluvios de un clásico moderno, que publica Dirty Works.
Lo han vuelto a hacer. Parece mentira que después de tantos Al margen devorados, Sajalín todavía pueda sorprenderle y, lo que es más importante, noquearle a uno. Pero eso es precisamente lo que han logrado con Kentucky seco.
Hay un nuevo autor en la familia Dirty Works algo que suele ser sinónimo de tesoro literario por descubrir si hablamos de nuestra querida editorial negra. Se llama William Gay y en este flamante El hogar eterno, que también supuso su debut literario.
Cada vez que nuestra querida Dirty Works anuncia un libro de relatos hay que «parar las rotativas». Los antecedentes hablan por sí mismos. Además, quien se suma a la tradición cuentista con este Dar la cara es nada más y nada menos que el gran Larry Brown.
Redoble de tambores… ¡llega la primera «Dirty Woman» a nuestra querida editorial negra! Se trata de la estadounidense Bonnie Jo Campbell, que se nos presenta «en sociedad» con Desguace americano, una estupenda colección de relatos sobre la vida «en los márgenes» en un Michigan rural.
Alan Heathcock, Mark Richard y ahora… Tom Franklin. Furtivos es el tercer «libro negro» de cuentos de nuestra querida Dirty Works y viene a ser como maná caído del cielo. Primero y, sin duda lo más importante, por la extraordinaria calidad de los relatos y el descubrimiento de otro «autor sucio» que añadir a la «pandilla». Y segundo, por apartarnos de oportunistas y lamentables discusiones en redes sociales a cuenta de Manifiesto redneck provocadas por un plumilla capaz de aprovecharse de un disparatado, cafre ensayo con más de veinte años de antigüedad para arremeter contra la actual izquierda. En fin, lo dejo aquí. Mucho mejor perderse en los frondosos y espeluznantes bosques de Alabama que en la tupida estulticia de nuestra era digital. El Sur de los Estados Unidos nos reclama de nuevo...
La gran Dirty Works vuelve a la acción este otoño de la mano de «uno de los suyos», Mark Richard, que tiene todos los números para convertirse rápidamente también en «uno de los nuestros». Tras su más que recomendable colección de relatos El hielo en el fin del mundo, el escritor de Luisiana regresa con este personalísimo Casa de oración nº 2, unas memorias inusuales, tanto en la forma como en un fondo en el que el viaje, tanto físico como especialmente emocional, es el epicentro para intentar desentrañar una existencia más que convulsa e intensa.