No, esta vez tampoco los de Úbeda se han molestado en titular su disco. Ya van cuatro, y los cuatro homónimos. Siguen sin verle sentido a personificar con un bautizo lo que ellos entienden que es simplemente una nueva agrupación de canciones en las que ahondan en su particular blues chatarrero. Esa divertida cabezonería es una peculiaridad más de un mundo en el que llevan desde el principio que las cosas se hacen como ellos quieren y no como se supone que se deben de hacer. Es así, derrochando personalidad, cómo han conseguido que a una banda española de blues (tan osado como una agrupación flamenca del Japón) se la escuche y reverencie en pleno Mississippi, cuna del género.