Todos recordamos nuestra primera vez en una sala de cine. La mía fue El abismo negro (1979), algo así como la respuesta de Disney a Star Wars (1977). No sé cómo decidió mi madre que estaba preparado para ver una película, en un cine, por primera vez, pero seguramente se arriesgó a tener que salir de la sala en mitad de la proyección. Es complicado saber cuándo un niño es lo suficientemente maduro para aguantar una película entera, por lo que es de agradecer iniciativas como Mi primer festival de cine, una fantástica oportunidad para que los más pequeños -a partir de dos años- se estrenen en eso que llamamos cinefilia. Celebrado en los cines Verdi de Madrid, con votaciones y todo, Mi primer festival es, para un aficionado al séptimo arte, la maravillosa oportunidad de compartir con sus hijos su gran pasión cultural. El mío -de tres años- se lo pasó en grande esperando cada cortometraje animado -la selección fue variada, ágil y divertida- preguntándome por el siguiente corto y gritando las palabras “mágicas” antes de cada pase: luces, cámaras, acción. Cada sesión del festival estaba compuesta de cortos -y algún mediometraje- de animación de calidad, con propuestas de todo tipo, y de nacionalidades varias. Para que tu hijo deje de pensar que el mundo se acaba en La Patrulla Canina y Peppa Pig. No dudéis en apuntaros a la próxima edición.