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Cine/TV

High-Rise (Ben Wheatly 2015) 

La civilización esconde la barbarie. Eso es lo que tienen en común el director británico Ben Wheatly -autor de Kill List (2011)- y el escritor de ciencia ficción J.G. BallardCrash (1973)-. En Turistas (2012) el cineasta mostraba cómo una pareja, ahogada por las reglas de una sociedad que nos convierte en seres insatisfechos, se dejaba llevar por impulsos primitivos convirtiéndose en asesinos en serie. Las primeras novelas del autor de El imperio del sol (1984) se caracterizan por mostrar distopías en las que el ser humano retrocede a un estado precivilizado para sobrevivir. Ahí están las post-apocalípticas El mundo sumergido (1962) y La sequía (1964). En La isla de cemento (1974) ni siquiera hace falta el fin del mundo: el protagonista se convierte en un Robinson Crusoe al quedarse atrapado debajo de una autopista. Ballard siente también predilección por la imagen de la civilización en ruinas, como en las anteriores, en Hola, América (1981) y en esta High-Rise (1975), en castellano, Rascacielos. Aquí, un moderno edificio promete a sus habitantes una vida autosuficiente en la que no haría falta salir más que para ir a trabajar, pero que acaba convirtiéndose en una microsociedad con sus tensiones exacerbadas, que acaba escenificando el caos de la lucha de clases. Resulta curioso que el mismo año que Ballard publicaba esta novela, el director David Cronenberg estrenaba una película con muchos puntos en común, Vinieron de dentro de… (1975) idénticamente situada en un edificio ultramoderno. Recordemos que el canadiense adaptaría luego Crash (1996) evidenciado la afinidad entre ambos autores.

Éxodo-indienauta
Libros

Éxodo, DJ Stalingrad (Automática, 2015) 

En esta vorágine de lecturas que provoca la locura del mundo editorial en nuestro país, publicando como sino hubiera mañana pese a lo poco que se lee, es muy complicado que uno se detenga en una lectura. Pero con este Éxodo de DJ Stalingrad, que nos llega cortesía de Automática he tenido que hacer una excepción. Ya lo he leído tres veces. Y es que estamos ante una obra brutal. Absolutamente brutal. Un libro breve, explosivo, duro y conciso. Un cóctel molotov sobre la realidad rusa más terrible escrito con sangre, rabia y cruda desesperación.