Cada vez que me planto ante un nuevo disco de Cosmen Adelaida, no puedo parar de pensar en lo madrileños que son. La influencia de la ciudad que les ha visto crecer es más que evidente, tanto en su música como en sus letras. Lo bueno es que no le dan exclusividad a Madrid; sus canciones son universales. En su segundo álbum se han fijado en el pop que se hacía aquí a principios de los ochenta, y lo han actualizado y fusionado con las influencias anglosajonas que ya estaban presentes en su música. El resultado no puede ser mejor: les ha quedado uno de esos trabajos en los que apenas hay altibajos.