En ocasiones, una idea afortunada puede valer una película. Creo que es el caso de La casa de las profundidades, en la que los franceses Alexandre Bustillo y Julien Maury -À l’intérieur (2007)- proponen algo tan sencillo como un relato con casa encantada -nada que no hayamos visto antes- solo que aquí, el siniestro edificio se encuentra bajo el agua. La idea es sobre todo estética: resulta muy original -e inquietante- recorrer las siniestras habitaciones de una casa abandonada mientras un candelabro flota suavemente sin necesidad de ser sujetado por ningún fantasma, como en los clásicos relatos góticos.