Nada puede ir mal cuando se juntan todos los elementos en un escenario: la magia, el ‘duende’, la profesionalidad, la energía pura…Entonces, las cosas salen bien, o más bien rozan lo sublime. Esperaba eso de Kamasi Washington y su banda (¡y qué banda!) meses antes cuando anunciaron el paso de su gira por España. “A Kamasi no me lo pierdo en directo, además llevará musicazos”, me dije entonces. Eso mismo fue lo que corroboré el domingo pasado en La Riviera. El karma y el poder hipnótico de la música en vivo. Y como las alianzas poderosas entre los músicos, esa química entretejida (a base de saber estar, de talento, de buena conjunción de los elementos) se convierte en algo especial e intangible, en un manjar para oyentes, en un disfrute para la escucha.