Con estos tiempos terribles que nos está tocando vivir, casi sería comprensible que la música marcada por las tendencias del momento pierda fuelle, que el oyente opte por escapismo hacia estilos y músicas que nos lleven a otro momento y a otro lugar. Está claro que donde sea que habita la música de Joel Sarakula no hay pandemia que valga y nadie piensa en el distanciamiento social. Como mucho, la mayor preocupación de la sociedad que habita en esa música ha de ser que el hielo de su Martini se haya derretido en el tiempo en que se han dado un chapuzón en la piscina.