Mis queridos países bálticos. Primero fue el baloncesto –dos cosas están claras: el corazón siempre late a la izquierda y es lituano–. Inmediatamente después, la política –no dejéis de ver los excelentes documentales The Singing Revolution o The Other Dream Team–. Luego, la fortuna de conocer a pocas, pero admirables personas gracias –por cierto, siempre extraordinarias mujeres– a mi anterior trabajo. Me quedaban dos cosas pendientes: la literatura y viajar.