Siempre he pensado que lo más complicado del mundo, lo que más talento y oficio requiere es la sencillez. Contar una historia, sin más, sin complicarse la vida, sin recurrir a giros dramáticos exagerados, sin pretensiones. Contar una historia con personajes humanos sobre sentimientos con los que podemos sentirnos identificados. La historia de La boda de Rosa no puede ser más sencilla: una mujer decide dejar de vivir para los demás y empezar a preocuparse de sí misma.