Ícaro y el Minotauro es una preciosa película de animación que propone un interesante giro en los dos mitos griegos que dan título a la película y que deberían ser muy conocidos por nuestros hijos. El protagonista es Ícaro, el hijo de Dédalo, encargado por el rey Minos para construir un laberinto que mantenga encerrado al peligroso Minotauro. Solo que aquí los personajes son un poco diferentes a los que conocemos y la historia se convierte en un relato de amistad, de compasión y sobre las relaciones entre padres e hijos, sobre la brecha generacional y la (necesaria) rebeldía juvenil para cambiar las cosas.