Alguien tenía que salvarnos de Bertín Osborne. No podíamos permitirnos que lo hogareño, la hospitalidad y la idea de hacer de la casa un punto de encuentro y de confluencia de ideas y sentimientos pasasen a ser patrimonio eterno del cuñadismo ibérico. Seguramente sin pretenderlo, Hibernales nos han sacado de ese infierno al que parecíamos abocados; y lo han hecho con una de esas canciones que marcan época y carrera: Tu casa es mi casa es hirientemente bella, y despliega sus encantos de forma pausada, culminando memorablemente con el listado de acciones de los estribillos finales, que reconfortan a la vez que nos invitan a soñar con lo que quizás ya tenemos: “Salir por ahí, ir a cenar, mojarte los pies con la manguera… / Soñar con viajar o con el día en que por fin no haya que trabajar. Ver una serie y luego otra. Cocinar para ti, poder pensar en mí… /Coger la púa guitarra en mano y simplemente cantarte algo”.