Mel Gibson es un director capaz de hacer un retrato positivo de un padre alcohólico y maltratador. Esta afirmación puede parecer polémica, pero también puede ser la mejor virtud del autor de La pasión de Cristo (2004), que logra hacernos entender los motivos de un personaje tan extremo como el que interpreta Hugo Weaving -aquí entre la genialidad y la sobreactuación-. No me parece un logro menor y desde luego es una decisión valiente. Weaving es Tom Doss, el padre del protagonista de esta película, Desmond Doss, un personaje real que decidió participar en la Segunda Guerra Mundial sin renunciar a su convicción de nunca empuñar un arma, ni matar a nadie. Semejante hazaña le convierte en un héroe, o en un loco, o quizás en ambas cosas. Solo Andrew Garfield podía ser capaz de reunir la mezcla de inocencia, bondad pura y candidez -por algo fue Peter Parker- necesarias para dar vida a semejante sujeto, con un acento sureño que parece sinónimo de simplicidad beatífica.