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Han Solo: una historia de Star Wars – El Bueno, El Wookie y El Malo 

Han Solo compensa su naturaleza de episodio menor en la serie galáctica creada por George Lucas con una sana intención de divertir. Hay que olvidarse entonces de la épica de la saga de los Skywalker, pero también de su gravedad. Creo que esta es la primera secuela de Star Wars (1977) que recupera su tono ligero y aventurero, para siempre representado por la sonrisa de Han Solo a los mandos del Halcón Milenario, acompañado del peludo Chewbacca. Esta precuela/spin-off sorprende por lo libre que es, precisamente por mantenerse al margen de la historia principal de la famosa space opera. Nadie mejor que Lawrence Kasdan -guionista de El imperio contraataca (1980) y de En busca del arca perdida (1981)- (y su hijo Jon) para escribir un texto que clava a los personajes que ya conocemos, bien canalizados por los nuevos actores. Alden Ehrenreich hace lo que puede para convertirse en un canalla socarrón de buen corazón, Donald Glover está gracioso como Lando Calrissian, Jonas Suotamo nos devuelve al mejor Chewbacca. Luego están los personajes específicos de esta historia, con poco margen para su desarrollo, pero bien defendidos por Emilia Clarke, Woody Harrelson, Thandie Newton y Paul Bettany.

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Star Wars: Episodio VIII – Los Últimos Jedi – La Fuerza Contraataca 

Mientras los críticos de cine de la vieja escuela duermen la siesta en sus butacas, los millenials graban con sus móviles el crawl de la última de Star Wars para poder decir “yo estuve ahí”. La saga creada por George Lucas en 1977 es probablemente el último gran evento cinematográfico. Un acto comunitario que se resiste al pirateo, a Netflix y al vídeo bajo demanda. La gente sigue haciendo colas en las salas para ver La guerra de las galaxias. Algunos incluso van disfrazados. Pero, sobre todo, la space opera de Lucas ha conseguido saltar por el hiperespacio generacional. Todo el sentido de la nueva trilogía de Disney es, precisamente, pasar el testigo de lo antiguo –Han Solo, Luke y Leia– a una nueva generación de héroes –Poe Dameron, Finn y sobre todo Rey– y también de fans.

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Doctor Strange: Magia nueva en el Universo Marvel 

Doctor Strange es justo lo que el Universo Marvel Cinematográfico necesitaba en este momento. Ante la saturación superheroica en las pantallas de cine -y de televisión- la nueva película de Marvel Studios ofrece una obra que es puro entretenimiento, que narra de forma clásica un relato heroico, pero que innova en las soluciones visuales de tal forma que evita la sensación de “esto ya lo hemos visto”. Dirige Scott DerricksonSinister (2012)- una historia que se apoya por enésima vez en el viaje del héroe que descubriera el mitógrafo Joseph Campbell y que George Lucas convirtió en el plano de obra de su Star Wars (1977) y que los hermanos ¿o hermanas? Wachowski aplicaron también en Matrix (1999).

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Creed (Ryan Coogler 2015) 

En 1976, Rocky (John G. Avildsen) devolvía al cine los finales felices. Era como si se anticipara al hedonismo de los años 80 y se despidiera de los deprimentes 70, definidos como “la resaca de los 60” por Mike Milligan (Bokeem Woodbine) en Fargo (2015). Eso sí, el de Rocky era un final feliz pero pegado a la realidad. La victoria del boxeador era aguantar en pie al imbatible Apolo Creed (Carl Wheathers). Convertirse en campeón, era demasiado para esos años 70 post-Vietnam. Un año más tarde llegaría Star Wars (George Lucas, 1977) para cambiar el cine definitivamente. Estamos hablando de películas “honestas”, en el sentido de que cumplían los sueños de sus jóvenes autores. George Lucas nunca imaginó el éxito que tendría su Guerra de las Galaxias y Sylvester Stallone solo quería abrirse paso en Hollywood. Rocky intentaba ser “seria” y ganó el Oscar a la mejor película aquel año. Impensable. Entonces llegaron las secuelas.

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Star Wars: El despertar de la Fuerza (J.J. Abrams, 2015) 

Si habéis ido a verEl despertar de la Fuerza en los primeros días de su estreno, en un cine atestado de gente de todo tipo, con familias enteras disfrazadas como los personajes de la saga, os habréis dado cuenta de no es simplemente una película. Sé que no soy el primero en decirlo, pero Star Wars es un mito moderno. Una historia que ha calado tan profundamente en el inconsciente colectivo que ocupa el mismo lugar que las leyendas y la religión. Con esto no quiero decir que la gente “crea” en la Fuerza, sino que su relación con la historia de Luke Skywalker es mucho más íntima que con el libro de Job de la Biblia. Los mitos no se crearon para vender entradas, camisetas o figuritas. Tienen una función psicológica como metáforas de las etapas de la vida y nos ayudan a superarlas. Y aunque Star Wars vende un montón de entradas, camisetas y figuritas, su estatura mítica es innegable e inigualable. Porque habrá ayudado a más de un niño a hacerse consciente de la muerte de su padre, le habrá enseñado a otro que una galaxia entera no puede separarle de su hermana, nos ha dicho a todos que hay que rebelarse contra el mal, pero empezando por el que anida en nuestro interior.

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Preparándonos para Star Wars: El Despertar de la Fuerza (J.J. Abrams, 2015) 

Desde 1983 hemos estado esperando. 32 años imaginando qué habrá sido de Luke Skywalker. Pues bien, hoy es ese día. El despertar de la Fuerza se estrena en todo el mundo. ¿Qué esperáis de ella? Las críticas ya están en Internet y publicadas en los periódicos. Pero cuidado, porque hasta ahora el secretismo de su director, J.J. Abrams, ha sido máximo. Ya sabemos que al productor de Perdidos le gustan los misterios. Por eso, cualquier comentario de alguien que haya visto la película tiene la categoría de spoiler. Gran parte de las valoraciones que se pueden leer en las redes evitan entrar en detalles. La mayoría son positivas. Muy positivas. Pero no todas. Críticos como Jordi Costa y Carlos Boyero la ponen más bien mal.