En sus películas más emblemáticas –Repulsión (1965), La semilla del diablo (1968), El quimérico inquilino (1968)- Roman Polanski plantea siempre la duda de si lo que estamos viendo ocurre objetivamente, o si el relato se ve modificado por la subjetividad del protagonista. En Basada en hechos reales, esa duda se despeja desde el primer plano del film, cuando Delphine (Emmanuelle Seigner) firma ejemplares de su última novela.