Nunca debiste dejarnos Hunter, maldito bastardo. Entiendo que estuvieras cansado, harto, o que pensarás que llevabas demasiado “tiempo extra” jugado cuando éste partido ya no te resultaba nada divertido. Pero menuda putada nos hiciste. Has dejado un vacío enorme en el periodismo, una profesión moribunda, envilecida, sin pelotas para morder la mano que le da de comer. Y lo que es peor, sin sentido del humor. Otrora un noble arte, ahora campan a sus anchas esas aves de rapiña profesionales llamadas tertulianos, junto a los perversamente llamados líderes de opinión, conchavados con el conglomerado empresarial de turno y el poder político. La casa se derrumba, Doc, y no parece haber nadie suficientemente gonzo —es decir, zumbado— para plantarles cara a la generación de la especie porcina que ahora ocupa el trono y sus estúpidos hijos, demasiado preocupados por su teléfono móvil. Nos has dejado huérfanos.