Sweet disarray(2014) nos presentó a Dan Croll como un ilusionante nuevo talento capaz de navegar por cualquier estilo manteniendo el gancho melódico y el clasicismo pop dentro de ciertos confines experimentales y de sonido contemporáneo. Que, además, hubiera recibido el visto bueno del mismísimo McCartney (en cuya universidad musical de Liverpool cursó estudios como alumno destacado) y redondeaba la historia perfecta para un mercado saturado, pero siempre ávido de descubrir el “nuevo algo” que ponga todo patas arriba.