África Vive, reza un ciclo de conciertos y plataforma que programa un festival y sigue dando guerra, aunque no se les oiga en exceso. Cityzen organizaba la vuelta a la capital de Cheikh Lô. La excusa, la reciente publicación de ‘Balbalou’ (2015). El senegalés puede presumir de una madurez bien llevada, de elegancia sonora y de fusión de estilos (jazz, raíces folclóricas, blues, pop africano, y ritmo, mucho ritmo). Como decía mi buen amigo y fotógrafo Alejandro del Estal (las dos instantáneas que acompañan esta crítica crónica son suyas), “esto es música comercial africana,” pero sin decirlo de una manera despectiva, más bien todo lo contrario como queriendo decir “música de la buena”. Porque Cheikh Lô respira música, y se vive, se nota, se siente. Ese ritmo, esas melodías que te empapan, que alcanzan tus oídos, que captan tu escucha y te calan el alma. Colaboró con Papa Wemba y Youssou N’Dour entre otros nombres grandes de la música africana. Es un gran guitarrista y hasta toca la batería, se atrevió a sustituir a su hábil baterista en una de las canciones que tocaron en Madrid.