Cuando un festival contiene la palabra “jazz” en su título, uno espera eventos puristas de ese sonido, como los del norte de España,que admiten cierta fusión con otros estilos pero cuyo límite sonoro imaginario no es atravesado. En cambio, en Cartagena pudimos acudir a conciertos de factura totalmente distinta, pero que ayudan a entender de forma clara la idiosincrasia de este festival.