Afortunadamente, en nuestra vida en sociedad hemos desterrado (casi) por completo la violencia. Me refiero claro, a la realidad de un país europeo como el nuestro, en el que, por lo general, no solucionamos los conflictos utilizando la fuerza física o las armas. Pero bajo esa capa de civilización, la violencia sigue ahí. La vemos en los telediarios: padres que se pegan en un partido de fútbol infantil; peleas entre jóvenes a la salida de una discoteca; el aislado suceso criminal en un barrio degradado; por no hablar de los asesinatos machistas o la guerra en otros países.