En Burning, ganadora del premio FIPRESCI en Cannes, lo no contado tiene tanto peso -o más- que lo que vemos. El coreano Lee Chang-dong nos presenta una historia en la que, francamente, ocurren pocas cosas en términos dramáticos. Pero si leemos detrás de las acciones cotidianas de los personajes, en segundo plano, encontraremos sentimientos de dolor, soledad y rabia. Tres personajes intervienen en la historia, inspirada en una novela del japonés Haruki Murakami. Hae-mi (Jeon Jong-seon) es una chica tan inocente como poco precavida, aparentemente frívola, pero que oculta una tristeza tremenda. Luego está Ben (Steven Yeun de The Walking Dead), un joven guapo y rico, cuyo comportamiento es un misterio y al que el protagonista compara con El Gran Gatsby. Este último es Jong-su (Yoo Ah-In) aspirante a escritor que, en lugar de crear, espera a que las historias vayan a él. Entre estos tres personajes se forma un triángulo en el que lo sospechado, crece en el espectador. Viendo Burning acabas dándote cuenta de que tienes un tenso thriller en la cabeza, con todo lo que sugiere la trama. Pocas veces se consigue esto en una película.