El paradigma del mundo audiovisual ha cambiado, y puede que este disco sea uno de los mejores ejemplos que podemos esgrimir en estos momentos. Las bandas sonoras de los documentales rara vez han alcanzado los circuitos comerciales (a no ser que se trate de docus musicales, pero eso es hacer trampa). Las series de televisión tampoco parecían un terreno especialmente jugoso para que los grandes compositores dieran sus mejores partituras. Y no hablemos de las plataformas de TV en streaming, que hasta hace poco como mucho se tenían que conformar con vivir de manera oficial o en listas de fans en las otras plataformas que se dedican al streaming musical.