Hasta esta semana, Placebo era uno de los grupos que estaban en los primeros puestos de mi lista de “grupos que hace una década que se tenían que haber separado”, pero su concierto de Madrid me ha hecho cambiar de opinión. No porque fuera un gran concierto –fue una hora y media aburrida, repetitiva y llena de tics rockeros–, sino por sus seguidores, que agotaron las entradas y corearon y celebraron cada una de sus últimas canciones –por muy sosas y aburridas que sean estas–. Así, es lógico que Brian Molko y compañía basen casi todo su repertorio en sus últimos trabajos y se olviden de los tres primeros álbumes. Sus nuevos fans han crecido con discos tan insulsos como “Meds” o “Loud Like Love”, y eso es lo que Placebo ofreció la noche del miércoles en el Palacio de los Deportes. Las canciones de estos dos discos se comieron casi tres cuartas partes del concierto, y sólo se acordaron de sus primeros trabajos en tres ocasiones. Bueno, del segundo y del tercero, porque de su debut parece que no quieren saber nada.