Blake Mills se ha ido consolidando como uno de esos nombres que conviene buscar en los títulos de crédito. Como productor e instrumentista, puede que sea junto con Jonathan Wilson de lo más interesante surgido en la última década, sobre todo a la hora de hacer que bandas y a artistas “de la vieja escuela” suenen al mismo tiempo orgánicos y aventureros (ahí están sus discos para Alabama Shakes, Laura Marling o Perfume Genius, por ejemplo).