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Cine/TV

Black Mirror – Pesadilla tecnológica 

Ya es tradición recibir cada Navidad una nueva entrega de Black Mirror. Su creador, Charlie Brooker, sigue fabricando pequeñas historias de ciencia ficción anticipatoria sobre los horrores que puede desencadenar la tecnología en nuestra sociedad. Brooker se mantiene siempre verosímil, apoyándose en tecnologías existentes y familiares a las que da un giro terrorífico. Creo que esta cuarta temporada en Netflix no decepciona. Paso a comentar sus seis episodios, clasificados del peor al mejor.

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Black Mirror: cuando el futuro se parece demasiado al presente 

Cuando Black Mirror apareció en nuestras vidas -en 2011- lo hizo con un impacto considerable: nos pilló por sorpresa su atrevimiento, su voluntad transgresora y su incómodo retrato de un futuro que se parece demasiado a nuestro presente. Ahora se estrena una muy esperada tercera temporada en Netflix, que mantiene la calidad, pero que pierde frescura. El creador -y guionista de cada capítulo- Charlie Brooker, sigue preocupado por cómo la tecnología, sobre todo las redes sociales, modifican nuestra forma de ver la vida. El que cada episodio cuente una historia diferente de ciencia ficción seria, y la voluntad moralizante convierten a Black Mirror en aspirante a heredera de la más grande de todas las series de antología, The Twilight Zone (1959-1964). El tiempo dirá si merece el título.

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Tres seriazas inglesas que no veremos hacer aquí 

Coger el mando de la tele y ojear la parrilla de las cadenas españolas suele ser la forma más directa hacia la depresión. Que si Miguel Ángel Silvestre manteniendo un romance chorra con la (digamos) blogger fashionista Paula Echevarría en unos años cincuenta de chroma, apolillados y cutres. Huyes y le das a otro botón. ¡Horror! Ahí está Belén Rueda en ‘B&B’ dirigiendo una revista con Fran Perea de fotógrafo fucker y también pululan Dani Rovira haciendo de imbécil adorable (más lo primero que lo segundo) y Carlos Iglesias recordando por enésima vez a su Benito de ‘Manos a la Obra’ para poder, supongo, financiarse ‘Dos Francos, 40 pesetas’. No me extiendo con otras maravillas como ‘El Príncipe‘ o ‘Bienvenidos al Lolita’ porque ya se habrá captado lo que quiero decir.