El arte como terapia. El poder de la creación, de contar historias, de conmovernos con una narración que, aparentemente, no tiene nada que ver con nosotros. Animales nocturnos, con su título polisémico, nos muestra a la dueña de una galería de arte -una estupenda Amy Adams– leyendo la novela de su exmarido, interpretado por un Jake Gyllenhaal que consigue que un personaje prácticamente ausente sea casi omnipresente. Estos dos protagonistas -Tony and Susan- se multiplican en tres historias muy diferentes, que se entrelazan de una forma perfecta para formar el cuerpo de una película absorbente y apasionante, firmada por Tom Ford, que con esta obra se gana el derecho a que nos olvidemos de que primero fue un diseñador de moda.