Basta con escuchar las primeras notas de este “Sweet Bunchpara asombrarnos ante el sonido tan definido y bien ejecutado de un debutante desconocido que aparentemente ha surgido de la nada. Ciertamente, Andy Jenkins tiene aún mucho camino por delante para darse a conocer, pero no es exactamente un recién llegado. Además, y esto es lo más importante, viene muy bien rodeado. Proveniente de la misma escena de Richmond, Virginia que alumbró a Matthew E. White y su sello/estudio/batallón de músicos Spacebomb, Jenkins se siente parte de la familia y con ellos ha alumbrado su primer disco.