El disparate de los 70, peluquines e inagotables escotes, polis con rizos y ases en la manga. La gran estafa americana, o lo que es lo mismo,” el caso Abscam” (caso real de corrupción política que a finales de los 70 implicó a una serie de senadores y miembros de la cámara de representantes) sirve de excusa argumental a David O. Russell para aventurarse en un ejercicio de estilo, divertirse dirigiendo a un elenco de actores realmente sensacional y filmar así una película “Sexy, Funky, Groovy”, una película dinámica de ritmo trepidante que a pesar de sus defectos se convierte en la mejor obra hasta el momento del sobrevalorado O. Russell y que se dirige de cabeza a por su tercera nominación consecutiva al Oscar al Mejor Director (tras “The Fighter” y “Silver Linings Playbook”).