Probablemente siempre ha habido en el cine de Robert Zemeckis una lucha entre lo real y lo simulado. El director, que apoya su prestigio en Forrest Gump (1994) y Náufrago (2000), pero al que siempre querremos más por Regreso al futuro (1985), suele abusar de los efectos especiales: de hecho, tras Cuento de Navidad (2009) abandonó el empeño de hacer películas solo de animación con motion capture.