Podemos imaginar el caso, pues es muy frecuente en el estado actual de la era 2.0: un bloguero acostumbrado a colgar sus textos sin ton ni son es de repente fichado por una revista de tirada y prestigio internacional para intentar condensar en una columna aquello que le ha hecho tan especial. ¿Debería el bloguero adaptarse a gustos más populares? ¿Conseguirá adaptar sus textos al más encorsetado formato de los artículos tradicionales? ¿Escribirá igual ahora que sabe que le pagan por ello?