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Cine/TV

La sombra de la ley: cine espectáculo 

La sombra de la ley recuerda, para bien, aquellos espaghetti western que en los años sesenta se apropiaban de los códigos de un género clásico del cine americano para contar una historia entretenida, sí, pero con trasfondo político. Pensemos en Yo soy la revolución (1967). Esta ambiciosa superproducción dirigida por Dani de la Torre utiliza las formas del cine de gángsters -creo que mira sobre todo hacia Los Intocables de Elliot Ness (1987) y muy especialmente a Érase una vez en América (1984) de Sergio Leone– para contar una historia con mucha acción, insertada en un contexto político, la Barcelona de los años 20, convulsa por los movimientos anarquistas, obreros y feministas, enfrentados a la corrupción, a la represión policial y militar, y a la sombra del fascismo que estaba por llegar. Un contexto histórico que aspira a encontrar un eco en los hechos políticos que vivimos hoy.

Teatro

Crítica: La Vida Resuelta, en el Teatre Borràs. 

Como ya saben, el teatro se deja influenciar por todo lo que acontece en la vida de los espectadores y, sobre todo, en la de los profesionales de la dramaturgia y la interpretación. Por eso no es de extrañar que series de éxito y con solera en la televisión sirvan de gancho para producir y promocionar una obra de teatro. Este es el caso de La vida resuelta, una comedia sobre la vida y las reflexiones de un grupo de treintañeros que compiten por obtener la única plaza libre para el año que viene de la guardería donde quieren apuntar a sus hijos respectivos. Un producto teatral creado por los guionistas de series como 7 Vidas o Aída, e interpretada por jóvenes caras conocidas de la televisión como Carlos Santos, Berta Hernández, Javier Mora, Adriana Torrebejano y Cristina Alcázar.