El más reciente giro de turca de Nudozurdo no debería de haber generado tanto anonadamiento. Para empezar, Leopoldo Mateos, ya había mostrado en su reciente proyecto paralelo, Acuario, que los sintetizadores y los ritmos programados le hacían mucho tilín; y ya sabemos que Nudozurdo básicamente se moverá hacia donde quiera moverse Leopoldo, eso sí, con dignos acompañantes, como su sempiterno cómplice Meta al bajo y el casi obligatorio cambio en el puesto de baterista, que en este caso cae en las habilísimas manos de Ricky Lavado (Standstill). Por otro lado, desde que conocemos a Nudozurdo, han estado esquivando cualquier tipo de expectativa, negándose a repetir esquemas de canciones, ni siquiera de aquellas que han acabado convirtiéndose en himnos tanto para los seguidores puntuales como para los más fieles. Vamos, que ni en Tara Motor Hembra (2011) había nada parecido a El hijo de Dios, ni aquí encontraremos nada que emule los conseguidísimos ambientes oscuros y obsesivos de piezas como Prometo hacerte daño.