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Cine/TV

WestWorld: El complejo de Frankenstein 

Lo que más me enganchó de Westworld fue la gran cantidad de interpretaciones, pensamientos, referencias, miradas, que surgían de su visionado. Tantas, que me fue imposible elaborar un texto manejable en cuanto a su extensión. Aprovechando el aniversario de Mary Shelley, autora de Frankenstein, rescato cuatro ideas muy básicas sobre la mejor serie del curso pasado, que paso a explicar a continuación, eso sí, con spoilers.

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Dunkerque: una gran experiencia cinematográfica 

Dunkerque solo se puede calificar como un gran logro cinematográfico. Un prodigio técnico que nos hace vivir un evento histórico de cualidades épicas. Christopher Nolan -ya sabéis, autor de El caballero oscuro (2008)- utiliza una pantalla enorme -ha rodado en 70 mm- sobre la que ordena los elementos de su film en composiciones simétricas de líneas de fuga perfectas. Imposible no pensar en el storyboard de Eisenstein para Alexander Nevsky (1938) cuando vemos la multitud de soldados uniformados con sus cascos verdes, agrupados en la playa o alineados en el muelle que se levanta horizontal sobre un mar que se confunde con el cielo; los barcos gigantescos que se mueven pesadamente entre las olas; los nerviosos aeroplanos que surcan un azul muy limpio. Las imágenes que fabrica Nolan son magníficas y encima se mueven, introduciéndonos en los hechos narrados, la evacuación de más de 300.000 soldados británicos de Francia, antes de que sea invadida por los nazis.

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The Duke of Burgundy (Peter Strickland 2014) 

Mujeres e insectos. En The Duke of Burgundy -el título proviene de una singular mariposa europea- solo veréis mujeres e insectos. Y un gato, perezoso, que apenas se mueve. El director británico Peter Strickland ha creado, con mimo, un universo de bolsillo en el que no hay hombres. Los temas de conversación son la entomología y el sadomasoquismo. Nosotros somos meros espectadores en un ejercicio de vouyerismo que nos permite asomarnos a un mundo extraño y sobre todo absorbente.

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High-Rise (Ben Wheatly 2015) 

La civilización esconde la barbarie. Eso es lo que tienen en común el director británico Ben Wheatly -autor de Kill List (2011)- y el escritor de ciencia ficción J.G. BallardCrash (1973)-. En Turistas (2012) el cineasta mostraba cómo una pareja, ahogada por las reglas de una sociedad que nos convierte en seres insatisfechos, se dejaba llevar por impulsos primitivos convirtiéndose en asesinos en serie. Las primeras novelas del autor de El imperio del sol (1984) se caracterizan por mostrar distopías en las que el ser humano retrocede a un estado precivilizado para sobrevivir. Ahí están las post-apocalípticas El mundo sumergido (1962) y La sequía (1964). En La isla de cemento (1974) ni siquiera hace falta el fin del mundo: el protagonista se convierte en un Robinson Crusoe al quedarse atrapado debajo de una autopista. Ballard siente también predilección por la imagen de la civilización en ruinas, como en las anteriores, en Hola, América (1981) y en esta High-Rise (1975), en castellano, Rascacielos. Aquí, un moderno edificio promete a sus habitantes una vida autosuficiente en la que no haría falta salir más que para ir a trabajar, pero que acaba convirtiéndose en una microsociedad con sus tensiones exacerbadas, que acaba escenificando el caos de la lucha de clases. Resulta curioso que el mismo año que Ballard publicaba esta novela, el director David Cronenberg estrenaba una película con muchos puntos en común, Vinieron de dentro de… (1975) idénticamente situada en un edificio ultramoderno. Recordemos que el canadiense adaptaría luego Crash (1996) evidenciado la afinidad entre ambos autores.